"Voy a mezclar flashes con alcohol, restos de sal y altas dosis de ficción".
Hoy rememoro sin dificultad esos días en los que éramos poetas de la tempestad, en que sabíamos perfectamente lo que era la vida en soledad y lo duro que se nos hizo superar esos horrorosos baches que nos imponía la vida, la familia, los amigos. Esos días en los que la mayor preocupación era pensar en ti, en ti y nada más que en ti. Los días fueron volando, las hojas fueron cayendo y reconstruyéndose en un mundo que nunca llegué a entender ni quise, que me daba miedo y me encantaba a la vez.
Esa niña con mirada perdida tenía muy claro qué era lo que quería, cómo lo quería y dónde lo quería. Hoy es un matojo de nervios que circula a volandas entre unos cuantos bufones que le apalean entre risas. Hoy es un nervio con patas y lo mejor es que no tiene ni idea de qué hacer con su vida, así, en general.
No hay nada concreto, no siente que nada tenga sentido en su efímera existencia pero claro, esos momentos de lucidez mental le hacen creer que tiene la clave hasta que, de repente, su bache mental le hace tropezar con la piedra que entorpeció su viaje por la vida. Se suponía que le daría la mano y le llevaría por un camino de rosas, pero no fue así, fue un bache, un jodido bache contra el que no sabe qué hacer, contra el que no puede más que ocupar horas muertas en su habitación de olor a nieve, de olor a felicidad. No sabe qué hacer. No sabe quién es. Solo piensa y piensa, sin actuar. Solo espera y espera. Solo piensa y espera, espera y piensa. Y así se le hace tan fácil dudar como averiguar la verdad universal.
Hoy la puta niña se viste de rey. Nadie se lo cree y nadie le cree.
Vetusta Morla - Autocrítica (y otras formas de definir(me) con tanta facilidad, que cualquiera podría acuchillar(me) con una parte de la hoja si se lo propusiera)