lunes, 30 de diciembre de 2013

Hace tanto tiempo que perdí la calma que encontré la rabia esperando.

Se me da mejor expresarme en otros contextos y con otras armas, más femeninas y más sutiles. Más mías. Técnicas pulidas durante años. Y me gusta, y me excita. Me hace sentirme fuerte al ver tus ojos vibrando de la curiosidad y de la incertidumbre, de la duda e incluso del miedo. Miedo hacia mis gestos, mis insinuaciones y mis preguntas. Miedo sobre qué podría hacer yo esta noche contigo, aquí, ahora.

Pero tú decidiste no querer abrir esa puerta, cerraste todos los posibles resquicios que quedaron volatilizados con unas simples palabras entonadas en el momento adecuado y tras MI acción correcta.

Por eso, hoy, solo tengo esto:

Bájame el pantalón, saca el hambre atroz, escúpeme la pena. 
Me enseñaste una vez que el dolor es mejor si genera violencia...
Tus noches únicas van de la mano de mis noches turbias. 

sábado, 28 de diciembre de 2013

Consumismo.

Exhausta, llegas a casa y consumes el último gramo de oxígeno que te quedaba entre los resquicios de las bolsas de compra. Llenar tu cabeza de lo que las otras personas desearían que se les regalase agota, y más aun el centro lleno de gente que se mueve al ritmo del cierzo y te hace chocar con sus ideas, egoístas y bastante confusas.

Exhausta, sosiegas, y piensas... Y notas todos los músculos de tu cuerpo doliendo. Sabes que toda esta actividad cognitiva te ha acabado haciendo una heridilla en tu corazoncito, que, en el fondo, no estaba para nada preparado para esta batalla inesperada.

Exhausta, caes en la cama y, en el fondo, tu inconsciente te dice "caer enferma es lo mejor que podemos hacer". Pero, al día siguiente, su consciente y conciencia recaen en ti como dos losas y te hacen lamentarte por TODO. Y cuando dices todo, te refieres a todas las "cagadas", todas las situaciones estúpidas, todas las bajadas y subidas de la vida, todos los momentos invertidos para otros poetas de la tempestad que no han servido de NADA...

Después, vuelve tu doble columna y te das cuenta de que no es para tanto. Que tampoco hay que horrorificar la vida. Y te hace sentir un poco mejor, o quizá es la fiebre, que ha bajado unas décimas.

Entre tinieblas te arrastras a tu cueva, y sueñas con mundos mejores, con personas mejores, con gente inexistente. Algún día...

Hoy no quedan más fuerzas. Sabes que lo que llega es peor que la última batalla, pero en el fondo te excita la idea. Si no fueras así de bizarra, no estarías aquí y ahora con el ánimo tan alto la verdad. Pero, en el fondo, hay algo que falla. Pero, para variar, lo dejas para otro momento. Lo haces con tanta facilidad que hasta te asusta, pero no hay mucho más...

Llegan días de refugio entre mantas, cafeses y hojas, muchas hojas. Información que vas a meterte en horas a contrarreloj solo para saciar un poco más tu insatisfactoria sed de conocimiento, sobre la gran duda, sobre la vida en general.

Consumes las últimas horas de semi-libertad como una niña estúpida, dejando que pasen de una forma tonta y absurda. Pero bueno, ya habrá más horas de libertad en unas semanas. Alguna ventaja tenía que tener lo de ver a largo plazo TODO.

No hay que horrorificar todo. No sirve de nada.



Apliquemos la teoría a la práctica y riámonos un poco de los momentos absurdos que hemos ido acumulando estos últimos meses. Antes de que al karma le de tiempo de encontrarnos... 

viernes, 20 de diciembre de 2013

Nada.

Sabes cómo sonreír, como mirar, como sacar la lengua y cómo... Lo sabes, la teoría va bien y la situación también. Pero no, hoy te chocas contra una pared que te desestabiliza las proposiciones indecentes y te destapa las verdades de Murphy. Putas leyes, puto Murphy. Desistes y vuelves, rondas, tocas, tratas de captar la esencia, pero es imposible. Vuelves a tu ciudad del viento con tres o cuatro ideas sobre los hombres, tratando de deshilachar sus mentiras y de repente, otra vez, vuelta a lo mismo.

No pensaba que la la melancolía navideña fuera tan dura de superar. Claro que sé que se me pasaría si me diera un paseo por el centro y volviera a ver que sí, la gente es feliz consumiendo hasta las últimas cenizas de las últimas horas antes de que Santa Clausito vuelva a cada casa cargado de mentiras en forma de cuñados cabrones tratando de demostrar su superioridad mental escondiendo una semi-demencia alcohólica. En fin.

Es lo que no me gusta de estos días y, en el fondo, sé que es por la ausencia de su presencia, de sus acompañamientos. Quizá este diciembre sea el segundo más duro de mis últimos cuatro. Quizá no, seguro. Pero claro, "del sufrimiento no se puede huir". Y tal y cual. Así pasan los días, y mi cueva de refugio tiene que ser lo único que tenga en mente estos días grises.

Pero hoy quiero ver las luces rojas y mi nariz, roja también, sonriendo por el consumismo que impera estas noches, estas mañanas difuminadas. Hoy necesito a mi hombre, que sé que me sacaría a pasear entre bocatas del calamar bravo y conversaciones estúpidas. Suena irónico, que mi hombre sea el único hombre al que no quiero poseer.

Suena irónica tu sonrisa y tu risa. Suena todo a risa, a humor, a melancolía.

Viernes de resaca.


Mi corazón me duele, duerme, no quiere que le despierten.