lunes, 30 de septiembre de 2013

Amor platónico.

Los amores platónicos... Son eso... Platónicos. Están tan fuera de nuestra órbita que nunca podrán chocar con nuestra mirada, nunca podrán si quiera rozar nuestros sueños que penden del hilo de sus miradas... Es así y se debe mantener así. 

Si la órbita se desequilibra, los sueños se rompen y todas las idealizaciones que hicimos en todas esas noches a la luz de la Luna se evaporan como el polvo de las estrellas chocando con nuestra capa de esperanzas. 

Resulta que... No era para tanto. Y eso hace destruir el sueño. El deseo.

Sin esfuerzo recuerdo todas las canciones que me hacían soñar con tus brazos, sabiendo que siempre estarían a años luz de mi piel... Sin esfuerzo reconozco el tinte gris que han adquirido todas esas melodías al rozarte de verdad, al sentir tu piel en mi piel y al comprender que.... Los amores platónicos deberían mantenerse a cien mil años luz, solo por mantener viva la magia. Esa misma magia que todos sentimos cuando nos tumbamos en una llanura llena de lágrimas de San Lorenzo esperando ser deseadas, pero SOLO DESEADAS, no consumadas.

Es más fácil romper la barrera del sonido a través de tres o cuatro canciones mal entonadas una noche de luces, música y alcohol que a través de unos corazones latiendo al mismo cuerpo, al mismo tiempo... O por lo menos, es lo más correcto. 



No es mi estilo preferido. Pero, a veces, una se pone tierna. 

sábado, 28 de septiembre de 2013

De las dudas infinitas...

El sol está nublado, hoy no piensa salir a tomarnos el pelo, simplemente no quiere. Yo me refresco la cara con las pocas ganas que me quedan para comenzar un día más... El frío característico de esas horas inhumanas de la mañana me despeja, y las risas... Sus risas, sus bromas... Esos momentos en los que se meten conmigo por mi innata capacidad para hacer el imbécil... Y MI risa... Me hace despejarme mil veces más que cualquier café cafeinado cargado de miles de esperanzas otoñales.

No es la mejor estación, ni si quiera son los mejores días. O sí. Empiezo a sonreír, a soñar, a pensar, todo fluye poco a poco y eso me hace sentirme cómoda. Todo está yendo bien. Los monstruos siempre estarán acechantes tras de mí, pero quizá ahora aprendo a gastarles bromas y a reírme de ellos y de mí (aun más).

Llegan temporadas de jerseyses de punto, chocolates calientes y olor a nieve... Llega una buena época, bastante diferente a la del año pasado. Y entonces empiezo a comprender que hoy necesito alguien que me haga reír, hasta no poder respirar, al que le guste destacar todos los lunares de mi espalda, solo porque a él también le hacen gracia la forma en que me miran...

Pero... Hoy no hay prisa por eso. Hoy hay risas, muchas y gatos, muchos gatos y perros disfrazados de señores y señores que son unos perros en inglés... Hoy tengo un poquito de felicidad tras de mí, dejando de lado a los monstruos.

Es cierto que siguen sin ser buenos tiempos para los soñadores, pero en mi corea mental ya no hay un bloqueo tan bestial... 


Que todo el daño que tienes y lo que ya hemos sufrido tiene que servir de algo para que hayas aprendido...

Admito que no es uno de mis grupos favoritos... Pero esta canción es, demasiado definitoria, DEMASIADO. Y sigo soñando a quien pueda cantar(me)la y definir(ídem). Alguna vez... Mientras tanto seguiré con mis nieblas mentales, las que me mantienen entretenida en días de lluvia. 

lunes, 9 de septiembre de 2013

Demencia.

"La penumbra se va haciendo cada vez más clara, los cuerpos aun están calientes y sus mentes frías... Vuelan entre sueños entrelazados y les cuesta distinguir entre los abrazos y los reproches ocultos en las sábanas de morfeo...

Poco a poco, ella se despierta y lo ve ahí, tirado. ¿Cómo es que sigue ahí? No le gusta nada esa boca, bobamente abierta y baboseante... Pero bueno, son muchos años ya y lo mejor será acostumbrarse. Se abraza a la cafeína para poder continuar con la jornada donde le tocará combatir contra las ataduras mentales de su marido. Lo intentará por lo menos.

En esos pocos minutos de soledad le gusta recordar a su marido cuando aun era eso, su marido. Cuando aun la reconocía las 24 horas del día y le gustaba llevarla por los rincones secretos de la pasión y las bromas. Siempre le hizo reír. Incluso ahora, con sus despistes tontos, le hace reír. "Algo es algo", se intenta consolar mientras la rutina se ve en cada marca de su piel, en cada mancha, peca y arruga.

Oye ruido. Sabe que es él. Ya vendrá... Supone que quejándose del operario que el día anterior (de hace 40 años) le rompió una pieza importantísima... Y ella sonreirá y le hablará de lo que van a hacer ese día hasta que él sea un poco consciente entre toda esa espesura de recuerdos más infantiles que adultos...

De repente, él llega y le recita toda la lista de tareas de ese día. ¡Un momento de lucidez mental! Y ella decide saborear ese momento igual que saborea la espuma de su rebosante taza de deseos aun por llegar. No ha recordado un momento emocionante como el día de su boda o el nombre de sus nietos, ¡Ha recordado lo que hay que hacer ese día! Y eso le genera un pequeño atisbo de esperanza, claramente doblegada unos segundos después por la racionalidad... Pero son esos pocos segundos los que le harán estar sonriente todo el día y que le hagan preparar un delicioso postre para él. Porque, aunque luego no se acuerde, por lo menos lo podrá disfrutar mientras lo coma."

Y es que... Para mí, los pequeños detalles que tienen las otras personas sobre mí son los que me pueden hacer feliz durante el resto del día o de la mañana. Y aunque claro que las cosas están muy jodidas, creo que son estos momentos los que nos hacen seguir con un propósito vital o un despropósito en la carrera de la autodestrucción que es la vida.




Si me encuentras conduciendo allí, recuérdame que deje flores en su puerta...

domingo, 1 de septiembre de 2013

Triste canción de amor...

Las preguntas se acumulan entre desdichadas reflexiones entonadas entre canciones que transmiten buen rollito pero que no soy capaz de captar a estas altas horas de la noche... Cuando la sonrisa de otros es lo que necesito y lo único que encuentro son los fantasmas del pasado acechándome.

Con lo fácil que sería atajar los problemas de raíz, cambiar, buscar soluciones... Pero en estos temas de vez en cuando me encuentro atada de pies y manos por mis propios miedos y por mis dudas acerca de mi propio razonamiento sobre el asunto en sí.

Así no llego a ninguna conclusión y acabo dejando que los nervios me maten por dentro y se me coman por fuera. Y así es como consigo tener la mente ocupada en treinta mil tonterías que solo aturullan mi mente de pensamientos que no me llevan más que a una triste conclusión que implica únicamente negatividad hacia mí misma. Y así sigo. Y es algo bastante familiar solo que de vez en cuando me pregunto muy en serio sobre la inutilidad de ello.

Y es precisamente el ser consciente lo que me hace tener un atisbo de esperanza en todo esto. Pero sé que hasta que no empiece el nuevo día no me puedo demostrarme a mí misma que cambiar no es tan imposible como cuentan y que de vez en cuando puedo reescribir mi propio futuro sobre el folio de la vida, de la estructura mental que llevo a cuestas desde hace tantas décadas...

Mejor dejémoslo en empate, el amor se fue y ninguno pagó su rescate. Lo malo es la nostalgia y su debate. El corazón me va mejor, solo me duele cuando late.

Te recuerdo despacito y sin ayuda, con el brillo de tu cuerpo cuando suda. Siempre nos quedará una luna muda...

Créeme cuando te digo que quiero que seas feliz aunque no sea conmigo.