Hoy quiero que no haya sutilezas, que tu mirada no finja y que me digas lo cachondo que estás. Por mí. Por tenerme entre tus piernas, por no saber muy bien por qué, por no poder resistir más.
Hoy sin esfuerzo paro, finjo no padecer y recuerdo esos días... Esos días en los que todo era sencillo, inocente y cuidadoso, en los que cada detalle se intentaba cuidar y en los que no había rencores porque entonces el corazón no tenía fisuras, o... bueno, por lo menos se atrevía a arriesgarse dándolo todo, sin miedo al qué ni al quién, sin miedo a que la otra persona pudiera rasgarlo en pedazos.
Sin esfuerzo siento cierta melancolía por aquellos días en los que eso era lo más importante, en los que tu mirada se colaba entre horas muertas y en los que escapar hacia tu casa era la mejor forma de huir de mis monotonías.
Sin esfuerzo, siento cómo ha cambiado. Cómo esto es más de otro modo, sin llegar a ser un cúmulo de frialdades y banalidades, dejando un poco a la improvisación y al encanto. No es que no me gusten las tonterías ni las promesas a largo plazo, pero ahora sé que no son verdad y prefiero que hoy no me las cuentes. Hoy prefiero que me vengas a buscar, que me regales una canción o que me estampes contra la pared pidiéndome confianza, confianza entre tus brazos, confianza entre tus labios.
Hoy prefiero que no me hagan falsas promesas que se acabarán convirtiendo en sueños rotos. Hoy prefiero que no me pidan esfuerzos altruistas porque no soy así, porque nunca estaré preparada para ello, porque no es el momento. Hoy espero que me demuestren, que me den confianza a base de encuentros, de fotografías, de miradas. No de palabras, que todos los leones sabemos que el cierzo se las lleva con facilidad.
Hoy busco un plan alternativo, una mirada furtiva, una sonrisa cómplice, sinceridad y no intentos evasivos por la tangente de prometer el oro y el moro. La vida no consiste en esto y lo sabemos.
Porque... Más vale follarte que un te quiero a largo plazo.
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