Sí. Hubo un tiempo en el que esto era lo que más destacaba y odiaba del lugar. Había dias en los que notaba como me agobiaba, como no quería ni ver a la gente corriendo, ni llorando, ni gritando, ni mostrando sus delirios.
Ahora solo veo ilusión. Ilusión en los viejecillos que se enfrentan al cierzo, en las locas que van corriendo al centro de salud más cercano, en los adolescentes que aun emplean los malditos altavoces de su móvil, en los pijos del centro y en los barriobajeros como yo de los barrios que cruzan todos los pensamientos de esta pequeña gran ciudad.
Antes odiaba la prisa, el jaleo y hasta el viento. Ahora solo quiero salir, salir corriendo entre las callejuelas, encontrar más rincones, más bares en los que calentar mis ilusiones y conocer, conocer más de lo que aquí se esconde. De los delirios de todos sus transeúntes y de sus ganas de hablar solos, que a veces, hasta a mí se me contagian.
Sí. Zaragoza tiene de todo. Y sí, eso es lo que más me gusta.
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