jueves, 8 de mayo de 2014

Come. Came. Come.

Ven. Cómeme. Quiero decir, aliméntame.

Ven y hazme sentir que no puedo dejar de perder el control. Que hoy me da todo igual. Que esto no está ocurriendo. Que todos mis agobios no son reales. Lléname de tu rabia. Déjame tirada en el suelo sin sueños. Sin deseos. Solo con un poco de satisfacción.

Quiero un poeta de bragueta. Un condenado de la vida. Un sufridor que me perturbe a besos. A pretensiones. A sonrisas. Un poeta de la tempestad que me cante una gris. Sin color y sin vida. Pero con poesía. Mucha. Y beberme esa poesía.

No puedo pedir más esta noche. Ni quiero. Porque estoy hasta las tetas de sueños rosas y sábanas blancas. Porque quiero ensuciar mi corazón y llenarlo de veneno. Porque hoy me quiero intoxicar. Solo por sedar mi mente de tantas inercias agobiantes. De tantas responsabilidades.

Porque lo que viene ahora no sé cómo afrontarlo. Porque creo que no puedo. Y no sé cómo voy a llegar.

Esta noche solo quiero olvidarme del mundo. De los demás. De mí. De él. De ellas. De todo.



Tengo un gato en las entrañas, 
un tembleque en las pestañas
y muy poco tiempo.

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