domingo, 27 de abril de 2014

Pequeños.Placeres.Vitales.

Ese momento justo antes de abrir el ojillo, antes de que la luz de la mañana bañe tu cara y te recoja todos los sueños y se los lleve para que tú puedas batallar contra todas las exigencias sociales que te van a aullar esa mañana.

Ese instante de relajación cuando sabes que aun te queda una hora de viaje y una hora de música cargada de mensajes para ti, de ideas sobrevaloradas, de fantasías. Esa hora de viaje que te permite seguir volando con la mente y con tus tonterías. Esas que tan estúpidas son y que tanto tiempo te quitan. Pero sin las que no podrías vivir.

Ese lugar del mundo en el que puedes gritar y mirar hacia el infinito sin perder de vista el horizonte, sin saber dónde acaba, donde empieza... Muchos pensarán en la playa pero yo no puedo evitar recordar tooodas las vistas de los Pirineos. Finas líneas de montañas rellenas de verde y de vida, de oxígeno y de luz. Mucha luz. De olor a nieve.

Ese momento perfecto del atardecer en el que observas 30 tonalidades de rojo. Te jode que la cámara no los capte y que tú no tengas memoria fotográfica para poder quedarte con esa vista. Pero siempre puedes volver al día siguiente y reconocer aun más colores y formas.

Ese momento de la noche en el que el puntillo está subiendo y en el que empieza a sonar tu canción preferida o, por lo menos, una que sabes bailar. Ese momento en el que te da igual quién haya a tu alrededor y cuándo solo te dejas guiar por ti misma y por el alcohol que corre por tus venas.

Ese momento en el que te reencuentras con una amiga que hacía meses que no veías (sí, va por todas vosotras, putillas Erasmus que os habéis ido). Ese abrazo esperado y esa sonrisa, la suya, la de alguien que realmente estaba esperando verte.

Esa mirada antes de un beso primerizo, en los que arriesgas todo porque no sabes a qué llevará en unas horas y esa incertidumbre añadida...

Ese momento justo antes de un orgasmo, cuando sientes todo y nada a la vez. Cuando explotas y buscas un punto de sujeción a la realidad.

Ese olor que se te mete en tu nariz cuando entras a una tienda de jamones y por el que estás tan condicionada que acabas baboseando cual perro pavloviano.

Esa sonrisa. La de una persona especial. Me da igual que la de tu abuela, pareja, perro o la tuya propia. Esa sonrisa. Que te llena y te hace creer en la felicidad, aunque sea solo por un instante.

Esa mano. La de quien quieras otra vez. Que te agarra y te pide que te quedes a combatir sus monstruos porque él solo no puede. Que te pide un poco de atención, que le mires y le sonrías, con tu sonrisa y le des esa seguridad que todos necesitamos alguna vez.

Repito.
Pequeños.Placeres.Vitales.

Que, por muy agobiante y jodida que sea esta vida nadie nos quite esto. Que es mi motor, mi forma de subsistencia. Que es mi oxigenación y mi sangre. Y respirar tan fuerte que se rompa el aire...

No hay comentarios:

Publicar un comentario