Y ahora sí. Empezar
a darme cuenta de que no soy experta en nada, que no estoy acostumbrada a las
despedidas ni a las batallas en tu cama, que no estoy acostumbrada a hablarte y
esperar una sonrisa, un piropo o una mirada cómplice, que no me creo que me leas
ni estoy acostumbrada a que quieras saber sobre mis inquietudes. No. No soy
experta en ti, ni en mi contigo, ni en mí sin ti. No lo soy. Y, por ello, estoy
acojonada.
Tambalearme en
suelo inestable me da miedo, me hace preguntarme si mi coraza es porque tiene
que ser o por miedo a ser mas. Y así pasarán las monotonías y refrescare otra
vez la sensación de coger el viernes con ganas porque no era algo olvidado sino
rutinario, pero esta vez con otras metas.
Y quizá hoy lo mejor
sea quitarse la melancolía, olvidarme de mis preguntas, y disfrutar, lo poco
que sea, lo mucho que sienta.
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