martes, 9 de septiembre de 2014

Un día de estos.

Ven, vamos a bailar. Hoy no importa nadie ni nada, el tiempo es ridículo pero tus movimientos no. Sabes cómo moverte, cómo disfrutar y, muy a tu pesar, cómo hacer que otros se derritan por ti.

Ven aquí, búscame, vamos a reírnos un rato, vamos a buscar nuevos rincones en esta encantadora ciudad y vamos a ensuciarlos con nuestros cotilleos, con alcohol o con lo que haga falta expulsar en esta noche.

Hey. Que si hoy no hay ganas de nada más, pues nos vemos un monólogo de quien sea que nos distraiga de la tormenta que cae allí fuera, repiqueteando sobre un techo que es demasiado ruidoso. Que si hoy no hay ganas de nada, por lo menos Marwan te acompañará.

Que a veces lo difícil no es lo importante. A veces, buscar lo sencillo en las pequeñas cosas, en los pequeños momentos es lo importante. A veces buscar grandes explicaciones o alternativas no es la solución. Igual que no será la solución un conjunto de explicaciones racionales. Sé tú, siente y vive. Y si sufres ya caerás, esta vez no me reiré de ti pensando que finges un esguince. Esta vez iré corriendo si hace falta. Pero sufre. Porque del sufrimiento se aprenden las mayores lecciones. Pero también, lo más bonito, es bailar mientras tanto. Bailar en la cuerda floja o bajo la lluvia. Pero disfrutar. O bailar. Que muchas veces es lo mismo.


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