Tu tranquilidad. Volver y notar como el estómago lo he dejado en el motor del autobús. Notar cómo me ilusiono, justo cuando te vas. Porque espero volver a reencontrarme con tu mirada. Con tus preguntas y tus explicaciones. Y esa tranquilidad... Quizá a veces me gustarías más loco, más de levantarme por los suelos entre más mordiscos y arañazos. Quizá a veces me gustarías más yo. Pero me alegra saber que no eres un prometedor innato de motos ajenas que solo se pueden ver en exposiciones de cristal. Me gusta no encontrar falsas promesas, aunque tu racionalidad a veces me haga querer indagar más sobre qué sientes. Qué emoción encuentras entre mis brazos o qué piensas cuando me ves alejarme. O acercarme. O abrazarte.
A veces me gustarías más hablador serio, menos bromista continuo. A veces me gustaría parar en tiempo. Contigo. Sin nadie más. Otras acelerarlo hasta volver a tenerte. Y otras me gustaría aclarar mi mente con un solo abrazo. Y, a veces, vienes tú y lo haces. Con demasiada facilidad.
Y así, entre Rayden y sus Matemáticas y Zahara y su Deshielo estiro las últimas horas de un domingo-lunes, con sabor a despedidas demasiado calientes. Con olor a que mañana será un martes más lunes. Aunque esperando a un viernes con vistas a fiesta. O por lo menos a tu sonrisa. Que a veces es lo mismo.
Y hablabas sin parar a un ritmo inalcanzable. Me hiciste olvidar los hombres de la tierra. Tenías el sabor de todos los helados.
[Versos de pasión y no de aniversario]. Te dije hazme lo que quieras y me hiciste a mí sin adjetivos, me pusiste a mi sentado y yo perdí el sentido.
Y supongo que... Si te pido salir conmigo no es para tenerte controlado los sábados de fiesta. Supongo que es para caminar a tu lado, sin poseerte ni que me poseas. Sino para conseguir la libertad de un camino cercano, casi junto, entre dos. Si es que quieres. Que aun no me has contestado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario