martes, 16 de diciembre de 2014

¿Orgullo?

Para, para un momento, aprendes bien, sabes cómo seguir y te encanta. Y disfrutas aprendiendo a leer mi cuerpo y a hacerme arañarte un poco más. Es divertido y te ríes, y sonríes y ME sonríes. Y esto sigue y sigue siendo divertido. 

Pero quizá. Quizá. Hoy no contabas con esto. Esta herida entre los dos pulmones. Esta pregunta abierta y los consiguientes consecuentes. Unos paquetes de regalo que no te atreves muy bien a indagar por miedo a que impliquen demasiado, demasiado de ti. 

Abrir preguntas que están a mitad genera estos interrogantes. Estos abismos. Apostar una serie de cosas y correr el riesgo de acabar herido, dolorido o cansado.

Y yo... Yo quiero conseguir que te sorprendas. De tu latido al son de mis pasos o de tu sonrisa al son de mis bailes desentonados, en un sitio que no es, en un sitio sucio y lleno de rabia. Y yo... Yo quiero que tú te vuelvas loco, sí. Peligros de fijar la mirada en una psicóloga. Y qué quieres que te diga. Yo también estoy acojonada pero me lo paso demasiado bien entre tus brazos. 

Y sí. Sí. Es divertido controlar todo, por eso te gusta tanto la cama. Porque sabes cómo y cuándo, en qué lugar y de qué manera. Redundar es algo fácil y sencillo... y placentero.

Pero sí. Es aun más divertido lanzarte a un mar de incontrolabilidades. La inseguridad bailando entre los pies que no se sustentan más que por unos pocos lazos emocionales. Eso sí es divertido. No saber qué va a ocurrir pero, sin embargo, sentir. Sentir con fuerza y con la seguridad de que son sentimientos.

No te voy a negar que en esto último cojeo por muchas inseguridades. Pero tampoco te voy a negar que, cuando comienzo a sentir algo con seguridad... Se me hace muy difícil dejarlo escapar.

Y no, no pretendo asustarte ni pedirte matrimonio, que a veces es lo mismo. Pero quiero que sepas que cuando juego y apuesto, lo hago porque estoy segura. Porque sé que lo que puede venir merece la pena. Y creo que tú mereces la pena en mi juego personal entre corazón y cabeza, entre racionalidad y vida que a veces son demasiado opuestos. 




And I thought you might be mine in a small world on an exceptionally rainy Tuesday night in the right place and time!
The late afternoon the ghost in your room that you always thought didn't approve of you knocking boots, never stopped you letting me get hold of the sweet spot by the scruff of your... knee socks!

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