A veces me gustaría ser como esa gente que no envidio.
Y disfrutar de esas cosas que no me gustan.
En definitiva, perder el contol metiéndome un conjunto de emociones lujuriosas entre nariz y espalda y dejar abierta la improvisación.
Esa que no dejo desatar ni en mis peores momentos alcohólicos.
La cosa va de sustancias y de emociones, que a veces son lo mismo. Pero no en mi caso.
Me encantaría sentir como esa gente que siente que se desborda el mundo, que explotan de tristeza, que mueren de felicidad, que placen de orgasmos.
No. No soy capaz de sentir con tanta intensidad porque prefiero racionalizar, comedir, sentir pero sin dejar demasiada marca.
Por eso me gustaría saber qué significa dejarse llevar, acabar una noche perdiendo el control, haciendo un trío con gente desconocida y muriendo de la vergüenza al ver que las bragas que llevas no eran con las que saliste.
¿O no?
Quizá ya sepa que eso no me gustaría y por eso, simplemente, no lo hago.
Mi cabeza no toleraría ese desorden emocional. Prefiere ordernar paso por paso los pensamientos y, ya si eso, dejar lugar a la imaginación y, ya si eso, permitirme emocionarme en algún momento.
lunes, 16 de noviembre de 2015
martes, 29 de septiembre de 2015
Hidden fragance.
¿Silenciar los gritos?
Mejor dejarse llevar y ver. Aunque el miedo palpitante este ahí,
entre mis manos.
Haciéndome sentir que entre tú y yo hay más de un destino abierto,
interrogante.
Sin puntos ni finales claros,
ni divisibles.
Siendo más importante el conjunto de tus sumas y mis multiplicaciones.
Tú que antes eras más de derivar (a otras),
y yo que siempre he sido de exagerar (a todos).
Seguimos aquí.
Y esto,
por lo menos,
es un principio que ningún matemático puede negar.
lunes, 25 de mayo de 2015
Say something.
Las frases de madre,
las excusas entonadas,
las dudas que nunca paran de acechar,
y la música.
Mucha música.
Muchas filosofías que me dan respuestas y me ayudan a entender que lo que siento es real,
igual que lo que tú no (sé).
Y las dudas siguen ahi,
y me encantaría que tus manos me sujetaran con fuerza para entender que lo que llevamos entre brazos no es una huida de la soledad por la tangente de la facilidad predictiva,
sino mucho,
mucho,
mucho más que un puñado de esperanzas adolescentes.
Nos pasamos de ser serios,
nos pasamos de ser realistas.
Y hoy necesito ese toque loco,
el de las promesas, el de los planes futuros,
el de los "quiero un rato contigo o una vida", pero te quiero. A ti.
No quiero absolutismos derrotistas, pero sí un punto de vista un poco más alargoplacista.
En el que alguien me haga sentir que realmente quiere pasar tiempo conmigo,
en las duras,
y en las maduras,
que a veces son buenas,
y a veces malas.
O al revés.
Y sino,
no sé para qué seguir caminando por este pozo de inseguridades.
And the stakes remain too high for this silent mind...
That courses down my spine, to leave a love divine. Don’t leave a love divine, it's a water tight excuse.
Why do we always seek absolution?
domingo, 22 de febrero de 2015
Moonflash.
Atardece, se oscurece, y te marchas. Te hace gracia que no te quiera dejar escapar, pero es que el vacío de después es lo peor. Y llego y me siento. Y observo los restos de tu paso por mi pequeña ciudad.
Las sábanas a medias y tus manías aun por mi cuerpo. Aun descubriéndote y tú aun con esa sonrisa. Mis gritos y aun así, sacándole algo positivo. Y mis inseguridades. Que intento evitar. Que intento que no estén aquí presentes. Aun a sabiendas de que no son una tontería y de que son mucho más de lo que pretendo que tú vayas a conocer algún día.
Y tus muestras de afecto, raras. Y puede que hoy busque un poco más de normalidad, un poco más de estar aquí conmigo y de que me digas las cosas. Te dije muy sabiamente que no quería a nadie que me hiciera falsas promesas pero puede que, hoy, sí busque un poco más de sinceridad. Que me hables de sentimientos aunque sea difícil. Aunque sea poner tu cuerpo sobre mi pecho y un puñado de emociones entre mis palabras. Porque quiero saber qué sientes por mi y por qué sigues aquí. Y que me hagas ver que esto no solo es una tontería de quinceañeros. O un polvo de viejos despechados.
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