domingo, 21 de julio de 2013

Mareo.

Llegas a casa, te descalzas, ese orgasmo al quitarte los tacones que nadie te puede quitar... Intentas picar algo de la nevera porque sabes que irte a la cama no es el mejor remedio, te desmaquillas como puedes y... Te tumbas. Todo gira, sientes ganas de tirarte por la ventana solo para que acabe ese malestar... Sin embargo, al día siguiente vuelves a hacer lo mismo y así.

La fuerza que sientes, el poderío, la seguridad, el calor... Y eso no te lo quita nadie, por eso repites. Pero cada día te encauzas en unas encrucijadas más extrañas y dices... ¿Cuándo pararé? Y no lo sabes, ni te importa porque, en el fondo, ahora no tienes nada que perder pero claro... Tampoco puedes ir tirando tu dignidad a cada trago de tequila...

Racionalidad al canto tu mirada te dice: ya por favor, aclárate antes de seguir pero claro... Has estado tantos años confusa... Unos casi 20 para ser exactos y no sabes cómo deberías afrontar la siguiente situación ni cómo tu mente actuará.

"Los borrachos hacen lo que en verdad querrían hacer los sobrios pero no se atreven a hacer". Discrepo. Hoy discrepo. Pero hoy no puedo decir nada más porque parece que mi cabeza sigue sin aclararse y sin decirme exactamente qué es lo que está buscando.

Supongo que lamerme las heridas no está siendo tan fácil y ahora solo quiero no pensar en lo que he dejado atrás. Pero entonces, vuelta a la normalidad, me reencuentro entre mis mismos pensamientos que hace años, los mismos que cuando era una estúpida adolescente que buscaba unos poetas muertos en los que yacer al son de la luna... Fantasear, imaginar, no parar de crear nuevas historias que nunca se cumplirán... No sé hasta qué punto he de seguir así o he de cambiar o...

FRENAR. Quizá debería mirar el abismo desde la montaña más alta y frenar, decidir, pensar, sosegar... Pero no estoy muy segura de si es lo que deseo hacer en estos momentos la verdad.

No sé lo que quiero...

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