Y eso me recuerda que cuando sopló la luna y era en pleno día, vislumbré la estrella polar y algo más. Vislumbré la capacidad de influencia que pueden ejercer esas pequeñas personitas que andan de tu mano y que lo único que quieren hacer es llevarte un poco más a su juego, a su terreno, a su ciudad. Pero de mi ciudad del viento no me mueve nadie (salvo mi amado enigma mudéjar, je je).
Volviendo al tema. Hoy no es un día normal, sino uno muy especial. No por mí, sino por él, ellos y esas personas que están sufriendo como nunca lo habrán hecho en su vida. Y no hablo solo de los afectados si no de todo el mundo que tienen a su alrededor, de todas esas personitas que penden de sus manos. Hoy, por todas esas personas, pido fuerza. Hoy no soy yo la protagonista de esta historia, pero esto me hace reunir fuerzas para seguir, adelante, con mi misión mental. Mucho ánimo.
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