Me gusta esconderme entre las sombras sin ser vista para poder indagar más en su vida y tratar de tejer tres o cuatro historias mal relatadas e inventadas sobre sus estúpidos sentimientos hacia ti. Eso es a lo que me dedico cuando tengo tiempo para descansar del ocio. Es ruin pero he de admitir que no soy la única que se dedica a espiar vidas ajenas para poder complacerse o compadecerse, según se dé el caso y el día.
Admitir que lo hacen otros no me hace mejor persona, pero es así. Cuando empezamos a aceptar las cosas, estas se vuelven más claras y, por lo menos, más maleables y modificables según la ristra de pensamientos y decisiones que se estén llevando a cabo en el momento de ser conscientes...
Hablar mucho, expresar poco. Así es como últimamente estoy, mi estado anímico es ese. No soy una persona que se vaya arrastrando por las calles llorando tu triste ausencia. Nunca lo he sido y no voy a fingirlo ahora por respeto ni porque respecto a ese tema no tenga ni idea de cómo sentirme.
Son todo nuevas sensaciones. Y me gustan. No ha sido tan duro para mí, aunque soy consciente de que queda mucho camino por recorrer.
De vez en cuando vuelvo atrás y creo que no debería sentirme nada bien por sentirme como me siento pero... Hoy... Me planteo todas aquellas noches que pasé a oscuras, con más soledad que la mía al lado de un cuerpo frío e inerte que dormitaba entre pequeñas fantasías y que ansiaba de mí tanto que hasta me odiaba y me sufría... Y no alcanzo a comprender cómo fue todo, cómo sucedió.
No fue todo tan negro pero tampoco brillaba la luz en la frondosa mirada de aquellos ojos tristes y desolados, que me miran y se van.
Sombras, tristezas, enfados, gruñidos... Sigo sin alcanzar a escribir mucho más porque mi corazón sigue latiendo por automatismo. Pero por lo menos hoy, mi cabeza empieza a aclarar un poco más su espesura mental y empieza a dilucidar ciertas perspectivas futuras. Pocas, pero por lo menos empieza a funcionar. Que no es poco.
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