Fueron esos mismos brazos los que me devolvieron la negrura de tu mirada en forma de travesuras estúpidas que iban rajando poco a poco lo que teníamos, haciendo grietas insensatas teñidas en forma de "ironía".
Hoy corro en otra dirección y ya he aprendido a vivir sin tus abrazos. Pero eso no quita que, a veces, eche de menos ese calor. Ese calor... cálido.
Haz que me rompa en pedazos, con la eficacia de tus abrazos.
Que nos duela la piel al tocarnos.
Ven con tejano, pitillo, chaqueta que yo te quito hasta el acento de tu tierra.
Bajo la lluvia como un salvaje yo... ¡Bailo con los tambores de tu corazón!
Tú vivirás sin que yo te haga falta.
¡Despiértate y siente en tus pies el frío de la arena mojada... Y al despertar baila salvaje el ritmo lento del oleaje!
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