lunes, 30 de septiembre de 2013

Amor platónico.

Los amores platónicos... Son eso... Platónicos. Están tan fuera de nuestra órbita que nunca podrán chocar con nuestra mirada, nunca podrán si quiera rozar nuestros sueños que penden del hilo de sus miradas... Es así y se debe mantener así. 

Si la órbita se desequilibra, los sueños se rompen y todas las idealizaciones que hicimos en todas esas noches a la luz de la Luna se evaporan como el polvo de las estrellas chocando con nuestra capa de esperanzas. 

Resulta que... No era para tanto. Y eso hace destruir el sueño. El deseo.

Sin esfuerzo recuerdo todas las canciones que me hacían soñar con tus brazos, sabiendo que siempre estarían a años luz de mi piel... Sin esfuerzo reconozco el tinte gris que han adquirido todas esas melodías al rozarte de verdad, al sentir tu piel en mi piel y al comprender que.... Los amores platónicos deberían mantenerse a cien mil años luz, solo por mantener viva la magia. Esa misma magia que todos sentimos cuando nos tumbamos en una llanura llena de lágrimas de San Lorenzo esperando ser deseadas, pero SOLO DESEADAS, no consumadas.

Es más fácil romper la barrera del sonido a través de tres o cuatro canciones mal entonadas una noche de luces, música y alcohol que a través de unos corazones latiendo al mismo cuerpo, al mismo tiempo... O por lo menos, es lo más correcto. 



No es mi estilo preferido. Pero, a veces, una se pone tierna. 

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