Pero eso es aquí y en todo. Mientras me encierro en el retiro espiritual valoro mucho más los pequeños detalles que me rodean, luego salgo a la ciudad que aun sigue caliente tras el verano que hemos vivido y se me despejan las preferencias. Sus sonrisas son algo, hoy, secundario. Es quizá la incertidumbre lo único que actualmente me mantiene con vida mental entre la neblina que aun no alcanza a llegar a este pueblito.
Me dedico a ahogar ideas en vasos de yogur y chocolate mientras las pocas canciones mal sonadas me ayudan a vislumbrar una verdad anti-universal al final del túnel de sensaciones.El interrogante constante, obsesivo con el que, en el fondo, soy feliz porque ahora no tengo otra cosa más que mi propia imaginación.
La música sale por un oído y entra por el otro, o al revés... La cosa es que hoy, no alcanzo a distinguir entre mis gustos y disgustos, entre qué es mi espacio personal y cuáles son mis necesidades sociales. Y de nuevo, el vocabulario me satura de complejas percepciones acerca de mi propia mente y funcionamiento interno...
Se podría decir que son solo las tardes de estudio que me queman las neuronas. Pero quizá, solo quizá, sea que me falta algo de vidilla aquí dentro... Entre los pulmones que me dan la vida y el corazón que me la quita.
Quizá solo sea que he descubierto que existen los días amargos, pero no amargos como el café o la cerveza, sino amargos como un domingo no-astromántico. Y eso que es viernes.
Everything that kills me makes me feel alive!
Everything that drowns me makes me wanna fly!
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