Fue fácil acostumbrarse a los cruces de miradas, a las pocas palabras, a las búsquedas insaciables, a los deseos entre manos ajenas y desconocidas. Fue fácil acostumbrarse a pesar de que yo intentara caminar en la dirección opuesta y ahora soy consciente de lo difícil que se me está haciendo lo contrario.
Quizá no tanto por mí, sino por mi extrañeza. Mi extrañeza al ver que al día siguiente sigues mostrando interés en mí, que te siguen interesando mis tonterías y hasta mis conocimientos. Mi extrañeza al ver que me preguntas y me cuestionas, me lees y me escuchas, me bailas y me abrazas...
Supongo que ser y tratarnos como objetos era lo más fácil del juego. Que por mucho que me negara y que considerara que era algo muy complicado, en realidad es jugar fácil, jugar sencillo.
Supongo que lo más difícil de todo es no enredarse entre sentimientos, entre faldas y pelos alocados, entre sensaciones intensas que enganchan, que hacen querer más. Supongo que eso es lo verdaderamente difícil.
La pregunta es... ¿Estamos dispuestos a complicarnos o queremos ser unos simples cobardes que tienen miedo de caer en las emociones?
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