domingo, 1 de septiembre de 2013

Triste canción de amor...

Las preguntas se acumulan entre desdichadas reflexiones entonadas entre canciones que transmiten buen rollito pero que no soy capaz de captar a estas altas horas de la noche... Cuando la sonrisa de otros es lo que necesito y lo único que encuentro son los fantasmas del pasado acechándome.

Con lo fácil que sería atajar los problemas de raíz, cambiar, buscar soluciones... Pero en estos temas de vez en cuando me encuentro atada de pies y manos por mis propios miedos y por mis dudas acerca de mi propio razonamiento sobre el asunto en sí.

Así no llego a ninguna conclusión y acabo dejando que los nervios me maten por dentro y se me coman por fuera. Y así es como consigo tener la mente ocupada en treinta mil tonterías que solo aturullan mi mente de pensamientos que no me llevan más que a una triste conclusión que implica únicamente negatividad hacia mí misma. Y así sigo. Y es algo bastante familiar solo que de vez en cuando me pregunto muy en serio sobre la inutilidad de ello.

Y es precisamente el ser consciente lo que me hace tener un atisbo de esperanza en todo esto. Pero sé que hasta que no empiece el nuevo día no me puedo demostrarme a mí misma que cambiar no es tan imposible como cuentan y que de vez en cuando puedo reescribir mi propio futuro sobre el folio de la vida, de la estructura mental que llevo a cuestas desde hace tantas décadas...

Mejor dejémoslo en empate, el amor se fue y ninguno pagó su rescate. Lo malo es la nostalgia y su debate. El corazón me va mejor, solo me duele cuando late.

Te recuerdo despacito y sin ayuda, con el brillo de tu cuerpo cuando suda. Siempre nos quedará una luna muda...

Créeme cuando te digo que quiero que seas feliz aunque no sea conmigo.

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