lunes, 9 de septiembre de 2013

Demencia.

"La penumbra se va haciendo cada vez más clara, los cuerpos aun están calientes y sus mentes frías... Vuelan entre sueños entrelazados y les cuesta distinguir entre los abrazos y los reproches ocultos en las sábanas de morfeo...

Poco a poco, ella se despierta y lo ve ahí, tirado. ¿Cómo es que sigue ahí? No le gusta nada esa boca, bobamente abierta y baboseante... Pero bueno, son muchos años ya y lo mejor será acostumbrarse. Se abraza a la cafeína para poder continuar con la jornada donde le tocará combatir contra las ataduras mentales de su marido. Lo intentará por lo menos.

En esos pocos minutos de soledad le gusta recordar a su marido cuando aun era eso, su marido. Cuando aun la reconocía las 24 horas del día y le gustaba llevarla por los rincones secretos de la pasión y las bromas. Siempre le hizo reír. Incluso ahora, con sus despistes tontos, le hace reír. "Algo es algo", se intenta consolar mientras la rutina se ve en cada marca de su piel, en cada mancha, peca y arruga.

Oye ruido. Sabe que es él. Ya vendrá... Supone que quejándose del operario que el día anterior (de hace 40 años) le rompió una pieza importantísima... Y ella sonreirá y le hablará de lo que van a hacer ese día hasta que él sea un poco consciente entre toda esa espesura de recuerdos más infantiles que adultos...

De repente, él llega y le recita toda la lista de tareas de ese día. ¡Un momento de lucidez mental! Y ella decide saborear ese momento igual que saborea la espuma de su rebosante taza de deseos aun por llegar. No ha recordado un momento emocionante como el día de su boda o el nombre de sus nietos, ¡Ha recordado lo que hay que hacer ese día! Y eso le genera un pequeño atisbo de esperanza, claramente doblegada unos segundos después por la racionalidad... Pero son esos pocos segundos los que le harán estar sonriente todo el día y que le hagan preparar un delicioso postre para él. Porque, aunque luego no se acuerde, por lo menos lo podrá disfrutar mientras lo coma."

Y es que... Para mí, los pequeños detalles que tienen las otras personas sobre mí son los que me pueden hacer feliz durante el resto del día o de la mañana. Y aunque claro que las cosas están muy jodidas, creo que son estos momentos los que nos hacen seguir con un propósito vital o un despropósito en la carrera de la autodestrucción que es la vida.




Si me encuentras conduciendo allí, recuérdame que deje flores en su puerta...

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