jueves, 3 de julio de 2014

Pena.

Me doy pena. Y aquí sigo, restringiendo mis fantasías, buscando no jugar con el azar y controlando mis pensamientos.

Me doy pena y contemplo mi vida. Claro que tiene cosas buenas pero mi corazón me da pena. Mucha.

Estoy parada, me aburro y me doy pena. Me gustaría jugar entre poetas, que me bailaran el agua unos cuantos estúpidos que se enamoran de las emociones. Pero resulta que me ha tocado tropezarme con los más imbéciles del mundo que no han sabido saberme. Que bueno, en verdad, no han querido.

Mi egocentrismo innatista está triste, se da pena, no lo entiende. Hoy solo entiende lo que quiere y ni siquiera se atreve a decirlo en voz alta, por si es tan estúpido que se cumple. Porque en verdad sabe que no. Que no es el momento y que no hay nadie que hoy le dedique ni una sola canción.

Es triste todo. Todo lo que tiene que ver con el corazón que late a contracorriente, a mi corriente, sin ningún otro latido cercano. No sirve de nada la fantasía porque me vacía a cada interconexión neuronal que quiere dar un siguiente paso en la irrealidad.

Prefiero refugiarme en la música, los libros que me lleven aun más a este jodido tema y en las series en las que tampoco funcionan las cosas. Aunque, lo que realmente me gustaría hacer sería vivir.


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