Empiezo a pensar que fuiste fantasía, que no eras real. Porque creo que es mejor pensar eso a aceptar que realmente has sido alguien en mi vida. Porque pensaba que serías de otra forma, o que, por lo menos, a ti también el tiempo te cambiaría la forma de afrontar las cosas.
No sé por qué me sorprendí ni por qué intenté pensar que serías otra persona. No sé por qué pensé que saber qué era de tu vida seria algo normal. Sé que estarás buscando estas palabras entre mis letras y que, quizá, quisieras encontrar cierto alivio o pena por mí. No va a ser así, porque no. Porque no vas a encontrarme. Has huido muy bien de mí y me parece estupendo. Estúpido poeta de la tempestad que se creía que podría tratar como quisiera a su corazón, sin pudor alguno y con pretensiones estúpidamente banales. Estúpido y poco más.
Te he tratado con excesiva indiferencia y compasión, pero hoy me niego a seguir así.
Que te vaya bonito, supongo.
Aun así, seguiré teniendo esperanza en la vida y en los cambios. En que algún día seas capaz de disfrutar de las penas, de aprender de ellas y de continuar adelante. Que la vida es muy puta, lo sabemos todos; que bailar con ella y darle la razón de vez en cuando, no es fácil; que encontrar alivio en manos ajenas, es lo mejor que se puede hacer a corto plazo y el peor de los castigos a largo plazo; que convivir con la soledad y la pena, no es de agrado; que todo esto es lo que se necesita para aprender. Aprender y mejorar, siempre.
No soy una expertísima en todas estas cosas, ni voy a decir que tengo la verdad universal. Pero hoy, por lo menos, puedo saber qué errores volvería a repetir, solo porque han sido lecciones vitales para mí. Solo porque de esa manera es como se aprende.
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