Sucia, sin dudas, llena de veneno o de alcohol, que viene siendo lo mismo. Con la sinceridad en la punta de mi lengua y mordiéndome el dedo para no escribirte esta noche. Porque lo que podría decirte no te sentaria bien, te podría hacer dar vueltas y, quien sabe, incluso marearte y querer huir en la dirección opuesta a mis cosquillas. No sería justo, porque no hay que correr. Porque, si una cosa he aprendido, es que lo bueno si lento dos veces breve.
Que es una incongruencia y no busco que la entiendas, no por ahora, no nunca. Que no entender lo que siento y no sentir lo que podría llegar a entender es demasiado fácil para mí. Porque está siendo demasiado fácil esto o no, porque dudas habrá miles, porque mi cabeza sigue siendo un cúmulo de preguntas. Porque quiero tener todo el tiempo del mundo para que tú me des respuestas a algunas o a que, por lo menos, me intentes explicar por qué podríamos venir de otro planeta.
Porque no quiero hacer que estas noches se queden en estrellas fugaces que nunca llegaron a ver unos ojos deseosos de pedir risa y felicidad. Porque no quiero que esto se quede en polvo, cenizas o rastas. Porque miedo tenemos todos de una caída mortal desde la cornisa de un piso 23, pero que bailar mientras tanto es la gracia de la vida.
Porque no y sí, no lo sé y lo sé. Porque no hay nada seguro. Porque nunca lo entendería, porque solo podría sentirlo. Porque... Porque no hay explicación racional a nada en esta vida pero justificaciones muchas. Porque se me da demasiado bien adivinar tus pensamientos pero los míos propios son otro tema. Porque, a saber.
Que reír está siendo fácil entre tus manías y que, quién sabe, quizá algún día tú llegues a entender las mías. O, por lo menos, consigas no mirarme raro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario