Me gustan los gatos. No me importa que me dejen todo el jersey lleno de pelos. Bueno sí me importa, y mucho. Soy una maniática con las pelusillas pero me resigno cuando veo que, le pase las veces que le pase el cepillo, mi abrigo sigue lleno de bolisas. Me resigno e intento aparentar que no me importa. Tengo excesiva facilidad para olvidar lo que no me gusta. Pero esos malos recuerdos tienen la mala leche de aparecer cuando menos me apetece. Me hacen sentir una punzada de vergüenza, cabreo, odio, ira... Lo que sea que tenga que sentir. Y de repente, mi imaginación me lleva a situaciones menos sangrantes e hirientes. A situaciones que cualquier psicoanalista de pacotilla denominaría "delirios de grandeza". Pero es mi forma de protegerme. Y mi forma de herirme también.
Soy muy complicada. Hay gente que ama esa parte de mí y gente que lucha contra ella, sin darse cuenta de que se están dando contra una pared de hormigón. Soy de piedra. Pero si me tocas la cabeza puedes hacerme ronronear. Si buscas mis cosquillas me cabreas, pero a la vez me haces reírme y querer encogerme hasta hacerme más pequeña de lo que ya soy.
Claro que soy consciente de mis defectos. En ocasiones lo soy en exceso. Pero prefiero reírme de ellos. O al menos, de los más evidentes. A veces prefiero adelantar tus pensamientos solo para que veas que estoy atenta a tus gestos conmigo. Para que veas que sé empatizar, y que me gusta.
No me importa ayudarte, si te quiero. Si te odio lo haré, pero con resignación. La culpabilidad no va conmigo, aunque a veces me persigue. Pero prefiero mandarla a la otra esquina de la habitación, junto con los recuerdos que me hacen sangrar. Junto con tu risa, o tu mirada. A veces es mejor guardar todo en el rincón de mierda.
Intento luchar contra mis valores. Constantemente. Pero a veces se vuelven contra mí. Y me piden un poco más. Y me hacen ilusionarme con cosas que no debería.
No sé muy bien qué busco ahora, ni qué me deparará la vida. Admito que me da mucho miedo encapricharme. No lo busco. Pero si no te tengo, te ansío. Si me buscas, no me encontrarás. Y así.
Soy complicada, repito.
Hay días en los que intento analizarme hasta el milímetro. Otros en los que prefiero guiarme por mis instintos. A veces me pasan una mala jugada, generalmente por culpa de terceros. Otras me hacen conseguir lo que quiero, en el momento justo y con la puntería exacta.
Mi mundo mental no es perfecto. Tiene sus fugas. Muchas. Muchas fantasías. Pero... Aceptarlo es la primera parte del juego. Intentar entenderme una segunda... Y luego, si paso de fase, ya se verá.
You're gonna sing the words wrong!
No hay comentarios:
Publicar un comentario